lunes, 1 de junio de 2009

La agricultura en manos de pocos

Los países petroleros se han lanzado a la exhaustiva carrera de la compra de tierra para cultivos en países mucho más pobres que los primeros. Si Arabia Saudí , que concentra cerca del 25% de las reservas de crudo conocidas, ha puesto el ojo (y el billetero) en el archipiélago de Indonesia, donde ha comprado unos 16.000 kilómetros cuadrados de superficie agraria, Libia busca tierras en Ucrania y Kuwait en Myanmar.

Los países petroleros se han lanzado a la exhaustiva carrera de la compra de tierra para cultivos en países mucho más pobres que los primeros. Si Arabia Saudí , que concentra cerca del 25% de las reservas de crudo conocidas, ha puesto el ojo (y el billetero) en el archipiélago de Indonesia, donde ha comprado unos 16.000 kilómetros cuadrados de superficie agraria, Libia busca tierras en Ucrania y Kuwait en Myanmar.

Mientras, Corea del Sur mira hacia Latinoamérica, en este caso, a Argentina …. Otros países ricos de oro negro como Emiratos Árabe , optan por el depauperado continente africano, y adquiere a golpe de talonario hasta 13.000
kilómetros cultivables
en Sudán , donde paradójicamente, las hambrunas son frecuentes. Los casos de dominio terrestre son frecuentes.

La organización supranacional Unión Africana estima que 148.000 millones de euros procedentes de los recursos de África salen cada año del continente hacia los países ricos que los explotan. Con abundantes recursos naturales, el continente carece
de los instrumentos adecuados para explotar ellos mismos la riqueza natural y ambiental con la que cuentan.
El doble de alimentos

Que los representantes de Agricultura del G-9 asuman que para mantener alimentados a los 9.000 millones de personas que los expertos estiman que poblarán el mundo en 2020 haga falta duplicar la actual producción de alimentos no tranquiliza. Eso, claro está, sin contar con los millones de personas que ya sufren hambre actualmente.


Difícil es imaginar a los ricos países petroleros invirtiendo en productos sin valor. Poco cuesta deducir, entonces, lo valioso de estas tierras de cultivo que se escapan de los países pobres. Comprar tierra en estados empobrecidos, donde porcentajes nada despreciables de la población no tiene acceso a los alimentos, parece, cuanto menos, obsceno.


No se trata de poner freno a la libre circulación (aunque discutible) de dinero y productos entre fronteras. Los ricos países petroleros explotarán las tierras de cultivo al lado de una población que sufre hambrunas frecuentes. La grosería consiste en algo mucho más elemental: sin tierra, no hay alimentos.

Por Eva San Martín
esanmartin@ambientum.com

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