viernes, 3 de septiembre de 2010

Ríos de sangre

Hace unos días se reabrió en Taiji (Japón) la temporada de caza de delfines. Los pescadores de esta localidad de la provincia oriental de Wakayama tienen, hasta la primavera, vía libre para prender, apresar y matar a varias especies de delfines que en esta región no están bajo la supervisión de la Comisión Ballenera Internacional, según las leyes del Gobierno japonés.

Los más afortunados acabarán formando parte de un espectáculo acuático en algún zoo para entretener a los visitantes. Navegarán sobre su cola y saltarán, y harán piruetas y trepolinas a cambio de pescado; y serán unos convictos el resto de su vida. Pero no todos tendrán esa suerte. La sangre de cientos de cetáceos ya comienza a teñir de rojo las aguas de la costa de Taiji. Se trata de un rojo intenso, un denso escarlata; un color que no se diferencia tanto del de nuestra propia sangre humana.

Yo dudo si es aceptable hablar de humanidad para las personas que se dedican a cometer este tipo de abusos. Según la RAE, alguien humano es aquel que es “comprensivo y sensible a los infortunios ajenos”, no un generador de infortunios. En base a esto no existe humanidad en Taiji.

En la parte opuesta del tablero están los delfines. Según recientes investigaciones, muchos delfines tienen el cerebro más grande que el de los humanos, hay otros delfines que pueden reconocerse frente a un espejo y aprender y divulgar sus conocimientos a otros delfines. La inteligencia de estos mamíferos llega hasta tal punto que algunos pueden alcanzar el nivel de un niño de tres años. Existen multitud de voces que abogan por declarar al delfín como “persona no humana”, dadas sus características únicas dentro de la naturaleza.

Llegado a este punto de la argumentación, surge la duda: ¿Hasta dónde llega la humanidad en los delfines y el animalismo en los humanos? Dicen que los extremos se tocan y que el límite no existe en la circunferencia. Pero el que no conoce límites es el ser humano que, en su ególatra prepotencia, no deja de demostrar su profunda crueldad.

Si es legítimo llamar humanos a todos los que atentan contra la naturaleza de esta manera, yo prefiero no serlo. Recuerdo un capítulo de Los Simpson en el que los delfines planeaban invadir la tierra y establecer un nuevo orden en el que los humanos quedarían irremisiblemente subyugados. Es justo, queridos cetáceos. Adelante. 

2 comentarios:

  1. Agradecería que muchas personas tuvieran al menos el mismo cerebro que los delfines...
    No es justo la matanza que se realiza año tras año,ya no solo a delfines, sino también a ballenas, focas y demás mamíferos, con el único sentido de degustar un plato diferente o llevar encima un abrigo de pelo natural.

    Creo como mucha gente, que se debería establecer una normativa muy estricta para evitar este tipo de matanzas, como ya se hace en algunos países. Con el único objetivo de evitar su más que pronta extinción.

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  2. Los animales son las personas.

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