viernes, 1 de abril de 2011

Las otras energías renovables

¿Cuántos tipos de energías renovables existen? Probablemente, la mayoría identificaría  “renovable” con los paneles solares o los molinos de viento que se suelen ver en determinados paisajes. Pero la investigación y la necesidad de encontrar nuevas alternativas han provocado que cada vez con más frecuencia se estudien maneras de aprovechar estas fuentes primarias, y se busquen otras nuevas. El petróleo está destinado a ser sustituido, la cuestión es ¿por cuál?

Una de las tecnologías más avanzadas para producir energía es la que utiliza el movimiento del mar. Las mareas son aprovechadas mediante la instalación de generadores-boya con hélices frente a la costa, que se mueven bajo las olas. Las boyas se conectan con una subestación que distribuye directamente a la red eléctrica. Además de Reino Unido, que ya apuesta por este tipo de renovable, la Unión Europea ha realizado un estudio que revela la existencia de más de 100 zonas donde el oleaje y el escaso tránsito marino son propicios para su desarrollo.

A propósito del mar, la generación eólica también tiene en el agua su gran oportunidad. En el futuro, las instalaciones eólicas terrestres serán ampliamente superadas en número por las marinas, ya que mar adentro el viento es más fuerte y constante. En España se está poniendo en marcha la construcción de la primera central experimental eólico-marina, que se ubicará en la costa de Tarragona y tendrá una potencia total de 50 MW, y la empresa española Sea Electric Waves ha desarrollado una tecnología pionera en este campo.

No sólo el viento y el mar tienen una forma alternativa de aprovechamiento energético. La  solar tiene también otra salida aplicable a gran escala, aunque bastante más compleja que la ya conocida. Hablamos de su aprovechamiento a nivel espacial, que tiene la ventaja de estar disponible las 24 horas del día y con una potencia prácticamente constante, que llega a estaciones solares espaciales. Tras la transformación de la energía solar en eléctrica, un rayo de gran potencia la transmitiría en forma de microondas a un centro distribuidor en la Tierra, y de ahí a la red.

Japón tiene previsto enviar el primer módulo de una estación solar al espacio en 2015, a pesar de que su puesta en marcha no es precisamente sencilla y mucho menos barata. En el proyecto nipón están implicadas 16 compañías de ingeniería que invertirán más de 16.000 millones de euros hasta 2015, para que empiece a estar operativo en 2030. Estados Unidos ya puso en marcha una iniciativa similar, y en Europa se contempla la idea de desplegar también una estación, aunque en este campo de actuación lleva bastante retraso.

El biopetróleo, un combustible artificial elaborado a partir de emisiones de CO2, es otra opción menos conocida. Para su formación es necesario contar con luz solar y determinados microorganismos que imitarían el proceso natural de formación del petróleo. La necesidad de agua y superficie para realizar el cultivo es menor que cualquier otro destinado a tal fin. Otra ventaja es que durante su combustión no se producen ni dióxido de azufre ni metales pesados, por lo que resulta una alternativa a estudiar más que interesante. En España se realiza actualmente una investigación en la Universidad de Alicante, aunque no termina de avanzar.

Pero, ¿por qué estas fuentes alternativas de energía no prosperan?

El problema principal, en un país como España, es que para que lleguen a ser proyectos factibles y realizables hace falta una investigación constante, activa y con una elevada inversión. Unas iniciativas que aquí apenas cuenta con financiación pública, ya que sus resultados sólo se pueden ver a largo plazo, y eso, a un político, no le interesa.

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