viernes, 6 de mayo de 2011

Dejando huellas

Al ser humano le gusta medir cosas. Y cuando ya está todo medido, hay que inventarse nuevas cosas que medir u otras maneras de hacerlo. No en todos los casos las medidas aportan información útil, aunque las tres que se exponen a continuación sí que dan una idea más o menos comprensible de diferentes impactos que puede causar el hombre sobre el medio ambiente.

La Huella de carbono: es la medida de la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero, calculadas en CO2 equivalente, que se emiten al realizar una actividad o comercializar un producto. Se suele dar en unidades de peso por unidad de producto o servicio. Es certificable, aunque la norma que regula su cálculo está aún en revisión.

Existen multitud de calculadoras que pueden ofrecer una estimación  de la huella de carbono personal, pero sobre todo hay muchas maneras de reducirla: desde elegir productos de consumo locales hasta utilizar el transporte público o evitar al máximo los viajes en avión, pasando por la eliminación de bolsas de plástico o el reciclaje elevado a la máxima potencia.

Empresas como la cadena inglesa de supermercados TESCO ofrecen sus productos con una etiqueta que indica la huella de carbono de cada uno de ellos, ejemplo que cada vez se sigue más en otras compañías.

La Huella ecológica: indica la superficie necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano y para absorber los residuos que genera. También puede aplicarse a una región, comunidad o país.

La huella ecológica global es de 23,47 hectáreas, pero el planeta dispone de 15,71 hectáreas por persona. Eso significa que actualmente se consumen los recursos de 1,5 planetas, más de lo que la Tierra puede regenerar, y se calcula que si este ritmo continúa en 2030 necesitaremos 2 planetas.

Es el indicador más integrador de los tres, ya que mide el gasto energético y de agua, la producción de residuos y el uso del transporte. También se puede reducir fácilmente, curiosamente llevando a cabo las mismas acciones (o similares) que para reducir la huella de carbono.

La Huella hidrológica: la idea es muy parecida a la huella de carbono, sólo que en vez de CO2 se mide el agua necesaria para producir bienes o servicios consumidos por una persona o colectivo. Para calcularla se considera el consumo total de agua, las características del clima y la eficiencia al utilizar este recurso.

En España, la media de agua consumida por un habitante es de 2.740 litros al día. La del país entero se sitúa en torno a los 50.000 millones de litros, lo que implica un millón de litros por persona al año y nos sitúa en el puesto número 25 en el ranking mundial. Curioso viniendo de un sitio que no se caracteriza precisamente por la abundancia de agua.

No hace falta explicar qué se puede hacer para reducir este gasto, lo que hace falta es llevarlo a cabo.

Aunque estos sistemas tienen muchas críticas, estás tres huellas tienen la misma ventaja: permiten conocer una aproximación de la “señal” (de ahí lo de huella) que dejamos en la Tierra al realizar cualquier acción o sencillamente consumir, y cómo con gestos muy sencillos podemos dejar el pie menos marcado.

1 comentario:

  1. Buen blog os animamos a seguir informando sobre estas cuestiones tan interesante , felicidades!
    http://www.grupooceanis.com

    ResponderEliminar