viernes, 17 de junio de 2011

El futuro que nos espera (o a nuestros hijos)

En el año 2011, varios informes anunciaban que la situación del medio ambiente mundial no sólo no mejoraba, sino que cada vez y en ocasiones con demasiada velocidad iba degradándose de forma irreversible.

Mientras la FAO avisaba del alto riesgo de inundaciones en África austral, otras organizaciones hacían notar cómo la desertificación crecía cada año a un ritmo anormal y excesivamente veloz.

Las construcciones monstruosas y sin sentido invadieron espacios naturales ante la pasividad de los gobiernos, y que los océanos se calentasen parecía, más que un problema, una ventaja para aumentar el turismo.

Las emisiones provocadas por los combustibles fósiles, aunque se mitigaron bastante durante la época de las renovables a principios del siglo XXI, dejaron una huella difícil de limpiar que se sumó a los problemas en la capa de ozono ya existentes.

Unos cuantos siglos después, claramente las cosas no han salido como se pensaba. Los cierto es que hubo algunos años en los que se intentó de verdad cambiar el rumbo de los acontecimientos, pero ya era demasiado tarde.

Hasta 2050 no se pusieron sobre la mesa medidas eficaces que mitigaran el imparable ascenso de la temperatura global, la erosión del suelo, la contaminación del aire… la destrucción de la naturaleza, en definitiva.

¿Y qué ocurrió? Pues que durante un par de siglos las catástrofes naturales no dejaron de sucederse. Hubo sequías en algunas partes del planeta que duraron décadas enteras, mientras que en otros sitios de la Tierra no cesaban las inundaciones. Millones de personas murieron, la mayoría de hambre. El campo quedó inutilizado, por lo que la alimentación fue un tema prioritario para todos los países mientras que en épocas anteriores se ignoraba el hambre en continentes enteros como África.

Incluso se llegó a crear una Organización Internacional de Medio Ambiente (OIMA), que llegó a tener más poder que el primer país del mundo en aquellos días, Estados Unidos. Aún se recuerda cuando el conocido como “Ministro Mundial de Ecología”, Jabob Giggs Smithson, hizo pública la imposibilidad de volver atrás sobre las acciones de siglos anteriores, y pronosticó las masivas migraciones hacia las zonas más protegidas.

Ahora, cuando se cumple el 250 aniversario de aquel anuncio, parece que la reducida población de la Tierra ha sabido adaptarse a una tierra que no da fruto, un aire no muy limpio y unas condiciones de vida muy básicas, en las que no se puede disfrutar del medio ambiente porque, simplemente, no existe.

Por suerte, esto es sólo un relato de ciencia ficción un poco asimoviano. Aún hay tiempo de cambiarlo y de hecho, en ello estamos.

2 comentarios:

  1. Está claro que el futuro no es tan impresionante como estas películas de ciencia ficcion sino, que parece que vamos marchando hacia atrás en muchos aspectos. Pero yo entiendo que en algún momento seremos capaces de rectificar del todo. Muy buena entrad, muy interesante.

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  2. Afortunadamente es un relato de ciencia ficción. Aun estamos a tiempo. Cada uno de nosotros a su manera y poco a poquito tenemos que caminar en busca de la naturaleza, la gran olvidada del siglo XX e intentar consumir solo lo necesario, hacer un pequeño cambio en nuestra dia a dia y entre todos el cambio será grande.
    AHORA ES EL MOMENTO.
    Nosotros, mi marido y yo hemos cambiado nuestra residencia recientemente. Ahora vivimos en el campo, a dos kilometros del pueblo mas cercano, en un olivar centenario.
    Impresiona ver los olivos de 400 años de antiguedad rodeando nuestra vida y es obligación nuestra conservarlos así o mejor para que perduren por lo menos otros 400 años.
    Además, Ricardo mi marido se dedica a la escultura. Su obra está hecha con materiales reciclados y expuesta entre los olivos permanentemente para quien quiera visitar la exposición. Os doy el link de la web que tenemos http://www.rmbravo.es/
    Y animo a todos a cambiar solo un poquito para lograr grandes cambios para todos.

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