viernes, 24 de junio de 2011

Trabajo y verde

¿Cómo enfrentar la crisis y a la vez seguir siendo “sostenibles” mientras trabajamos? En la situación de hoy en día y aunque el final del mal momento económico empieza a vislumbrarse, sigue resultando difícil compaginar un desempeño laboral consecuente con el medio ambiente y la austeridad económica.

Pero se puede, y no es tan complicado.

Uno de los ejemplos más claros de aplicación de proyectos viables y con resultados comprobados es la implementación del teletrabajo. A pesar de que aún queda un largo camino por recorrer, este sistema supone un ahorro significativo respecto al método de trabajo tradicional, lo que incluye el desplazamiento a la sede física de la empresa. El coste de la energía empleada en la realización del trabajo es el mismo en términos de elementos necesarios para llevarlo a cabo (ordenador, teléfono, etc.), pero la ganancia en cuanto a tiempo y disminución de emisiones causada por el transporte es considerable. Con esta filosofía se celebró el 22 de junio el día de la oficina en casa, una iniciativa a la que muchos se apuntaron.

La principal desventaja de esta metodología es que no es aplicable a cualquier tipo de actividad, puesto que hay acciones que requieren necesariamente la presencia física del trabajador.

Estrechamente relacionada con el teletrabajo está la videoconferencia o las conference calls. Estas técnicas implican la supresión de determinados viajes, especialmente trayectos largos que han de realizarse en avión y que son los más contaminantes en cuanto a emisiones de GEI. También suponen un ahorro de tiempo y reducción de costes, repercutiendo positivamente en las compañías que adquiere estas prácticas.

Además de otras opciones tecnológicas (sustituir el papel por dispositivos digitales, comunicación no impresa mediante periódicos digitales, etc.) existen medios más tradicionales que contribuyen notablemente a la mejora en el comportamiento ambiental del individuo. El transporte público, potenciar el uso de la bicicleta para trayectos menores a 3 kilómetros o el coche compartido (como ya hace Iberdrola) son prácticas comunes muy efectivas.

Todo esto no hace más que contribuir en varias cuestiones: en primer lugar, el indiscutible ahorro en términos de energía y emisiones de GEI que se genera. La mejora de la imagen de la empresa es otro factor fundamental, tanto como la repercusión económica y la posibilidad de practicar el benchmarking.

Así que sólo hay que animar un poco al “jefe” y ser un poco más verdes en el trabajo.

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