viernes, 7 de octubre de 2011

Incinerando en Viena

Si algo he aprendido esta semana es que nos sobran residuos y nos falta espacio. Porque los vertederos son una solución “parche”, que además de ocupar un espacio que se acerca peligrosamente a su límite, contaminan el suelo de forma difícilmente recuperable en muchas ocasiones.

Que sí, que reducimos, reutilizamos y reciclamos todo lo que está en nuestra manos (aunque bien sabemos que no es suficiente), pero ¿qué pasa con lo que no se puede reciclar? Esa fracción que no tiene más vida útil ni segunda vida… ¿qué se puede hacer con ella?

En España la respuesta es el vertedero, ese sucio lugar donde se acumula la basura.

Pero no, existe otra opción muy controvertida para acabar con la basura, que es la incineración. Siempre que se menciona esta palabra, surgen voces discordantes que intentan por todos los medios transmitir a la población la (equivocada) idea de que la construcción de una incineradora va a traer una contaminación desmesurada. De este modo, nadie quiere tenerla cerca y ni siquiera lejos; mejor no tenerla y utilizar el tradicional vertedero.

Sin embargo, hoy en día es un error pensar eso, puesto que existen plantas de quema de residuos con todas las garantías para terminar con la vida de nuestra basura contaminando lo mínimo o en niveles infinitamente inferiores a los permitidos legalmente.

Y aquí entra en juego un ejemplo europeo de cosas bien hechas: la planta de valorización de Spittelau, en Viena.

Esta incineradora forma parte del plan de gestión de los residuos de la ciudad. Cerca de 250.000 toneladas de residuos anuales reciben tratamiento aquí. La combustión de los mismos produce, además de calor para el sistema de calefacción, electricidad para su autoabastecimiento.

Y no sólo eso: la tecnología de Spittelau es la mejor a nivel medioambiental (precipitadores electrostáticos y filtros húmedos para la eliminación de los metales pesados, ácido clorhídrico y dióxidos de azufre…).

Por último y para rematar, la instalación fue responsabilidad del célebre arquitecto Friedrich Hundertwasser, que le otorgó un diseño innovador de acuerdo a sus ideas ambientalistas. El edificio fue concebido para provocar el mínimo impacto ambiental, y consiguió convencer a los más reticentes a su construcción tras los argumentos que Hundertwasser esgrimió cuando se hizo cargo del proyecto (lo aceptó tras largas discusiones sobre los aspectos ambientales).

Hoy en día, Spittelau representa en Viena un paradigma de la buena gestión de residuos, además de integrarse en el paisaje como un edificio-monumento de los muchos que pueblan la ciudad.

Aunque es innegable que tiene también tiene inconvenientes, parece que no es una idea taaaaan mala si en la misma ciudad de Viena conviven con ello. A ver si aprendemos algo en España.

(fuente imágenes: http://planetagadget.com)

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