viernes, 16 de diciembre de 2011

Durban

La Cumbre sobre el Clima de Durban en realidad no ha fracasado, porque todos sabíamos lo que iba a pasar. Ni acuerdos firmes, ni Protocolo de Kyoto ni objetivos a futuro: a los países les da o miedo, o pereza o igual continuar con un modelo de desarrollo que se está cargando el planeta poco a poco.

Lo verdaderamente preocupante es que no es la primera cumbre en la que se obtiene no-resultados así, sin que enlaza con los pobres resultados de la anterior reunión en Cancún y la de Copenhague en 2009. En ambas hubo mucha palabrería y “pasos previos” para lo que se suponía que tenía que llegar, que se quedaran en agua de borrajas una vez vencido el compromiso de Kyoto.

A todo esto hay que sumar el permanente NO de Estados Unidos a cualquier documento vinculante, uno de los países que, en una espiral de contradicción, ha sido pionero de multitud de iniciativas ambientales ejemplares en el último siglo y tiene uno de los organismos medioambientales más importantes del mundo, pero que tiene unos niveles de emisiones que rozan la cuarta parte de las emisiones mundiales totales.

A la “moda” impuesta por EEUU se acaba de sumar recientemente Canadá, consciente de que si quiere llevar a cabo prospecciones petrolíferas, tendrá que pagar unas multas que han decidido no asumir, al finalizar Durban.

Se presenta un futuro muy negro si no se empiezan a tomar decisiones reales en materia climática. El año que viene se celebra en Qatar la siguiente cumbre, que no hay duda que seguirá la línea de palabras en el aire y pocos textos sobre la mesa.

Confiemos en que la racionalidad (y no sólo el interés económico o político) haga acto de presencia en los próximos años y ya que nosotros no llegaremos a verlo, nuestros hijos disfruten de una Tierra como mínimo igual que la que tenemos ahora (o mejor).

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