viernes, 2 de diciembre de 2011

Vacas flacas

Hace un tiempo, cierta figura de reconocida carrera política dejó caer que el medio ambiente es un lujo que el país no puede permitirse mientras durasen las “vacas flacas”. Es decir, que la inversión económica para mejorar nuestro aire, suelo y agua debía pasar a un segundo plano en las prioridades del Gobierno.

Eso podría parecer a priori una medida dentro de lo razonable si en España el medio ambiente estuviera en tan buen estado que mejorarlo sería más una cuestión de imagen que una necesidad real. Lamentablemente, no es así ni de lejos.

Lo que no se entiende es que haya personas que piensen que de verdad el medio ambiente no merece una parte del presupuesto, o lo consideren un gasto inútil.

Y precisamente uno de los “pilares” de la conciencia ambiental es el ahorro. Es decir, que ni siquiera hace falta gastar dinero para conseguir un entorno sostenible. Lo contrario más bien.

Por ejemplo, algo tan sencillo como la energía. En este caso, la mejor medida y más efectiva a todos los niveles siempre es y será el ahorro energético. Además, se puede aplicar en el plano empresarial y en los hogares: apagar las luces cuando no sean necesarias, desconectar los aparatos eléctricos cuando no estén en uso, cambiar a iluminación eficiente cuando haya que renovar las luminarias… son sólo algunos casos en los que el gesto “ecológico” se traduce en una disminución del gasto económico.

Otro ámbito es el transporte. Con lo carísima que es la gasolina y la de atascos que hay ¿por qué no probar con el transporte público? Es una opción barata y eficaz. Y si se quiere ir un paso más allá, ¿qué tal ir andando o en bici? Ambas opciones contribuyen también a la mejora física, ¿qué más se le puede pedir?

¿Y el agua? Pues exactamente igual. Consejos que ya nos suenan muy conocidos como regar de noche o ducha en vez de baño, además de sumar beneficios ambientales (en especial en España, donde el agua brilla por su ausencia) evitan dolores de cabeza monetarios.

Esto es sólo una muestra (muy simplificada) de las cientos de cosas que, sin tener que pagar ni un euro, mejoran sustancialmente el estado de la naturaleza que nos rodea.

Así que, señores políticos, en vez de tener en mente todo el tiempo gastos, gastos, gastos, piensen que, igual que la mejor defensa es un buen ataque, la mejor inversión es un buen ahorro.

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