martes, 7 de febrero de 2012

Carreteras saladas

*Nota: esta entrada se ha redactado gracias a las aportaciones de los participantes en el grupo de linkedin "Profesionales del Medio Ambiente".

Con esta famosa “ola de frío siberiano” recorriendo la Península, se ha activado la alerta en la mayor parte del territorio español, en especial en las carreteras. Y es que las heladas suponen uno de los mayores peligros para los conductores, que tienen mayores probabilidades de perder el control de las rudas de sus vehículos.

De las primeras medidas que se adoptan, destaca el uso de la sal sobre el asfalto. La sal tiene la propiedad de disminuir el punto de congelación del agua, y además es barata. Así que ¿por qué no usarla?

Lo que no se cuenta de la sal es que de las vías pasa fácilmente al suelo y agua circundantes. Y los efectos sobre ambos elementos son catastróficos, ya que la salinización perjudica gravemente a las especies de flora y fauna autóctonas y el suelo queda prácticamente irrecuperable.

Al daño sobre el entorno natural hay que sumarle el propio deterioro del asfalto, de las estructuras de los puentes (la sal es muy corrosiva con las armaduras metálicas) y de los mismos vehículos, lo que añade un plus de peligrosidad a la ya complicada situación de una carretera helada.

Por eso hay que buscar soluciones alternativas a la sal. Un ejemplo en el que fijarse son los países del norte de Europa, tal y como comenta Daniel Sanjurjo López-Alonso, donde prefieren esperar a que nieve para verter arena caliente sobre la capa de suelo congelada y utilizar neumáticos específicos para el invierno.  En estos países, donde las temperaturas alcanzan valores extremadamente bajos, no se utiliza la sal porque en la práctica no es efectiva más que para heladas puntuales (a -2º si funciona, pero a -15º no, por ejemplo). Una posible opción más apta para España, como apuntan Julián Vicente Bravo Antolín y Alberto Pérez Cabezos, puede ser la mezcla de la sal con arena, que es inerte y tiene la capacidad de absorber el calor con eficacia.

Esther Moraga añade que con la cartografía meteorológica actual no debería ser difícil crear mapas de heladas para prever las zonas donde realmente sea necesario tomar medidas de precaución. También hay que depositar más confianza en las predicciones a corto plazo, cada vez con menores márgenes de error.

Otra idea que aporta Eusebio de Andrés López es la que se practica en algunos puentes y pistas de aterrizaje, en los que se ha colocado un sistema de calefacción por debajo del asfalto de placas solares con acumuladores. Desde luego no se puede aplicar a la totalidad de vías afectadas por heladas (no es económicamente viable), pero si se dispone de los medios puede ser interesante para superficies más pequeñas.

Alba Cánovas Creus cita más soluciones: aún en fase de estudio, el uso de el acetato de calcio-magnesio (buen anticongelante e inocuo para el medio natural), y con coste más elevado, la mezcla de sal, agua y arena o con cloruro potásico o cloruro cálcico.

Por último, Jan Willem Berendsen remarca que en última instancia, hay plantas que se adaptan fácilmente a  los altos contenidos de sal, como la Cochlearia danica. A pesar de ello, como bien remarca Cesar Ramos López, cuando se construye una infraestructura viaria lo que se busca es su integración en el medio: es la carretera la que tiene que adaptarse al ecosistema y no al revés.

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