viernes, 30 de marzo de 2012

No (solo) es por el medio ambiente, es por el bolsillo

Aunque parezca una locura pensar en el medio ambiente en tiempos de crisis, es precisamente ahora cuando hay que pararse a reflexionar sobre nuestro modo de vida. La idea generalizada de cuidar el medio ambiente que tiene la sociedad se refiere a la cría en cautividad del lince o a la lucha contra la caza indiscriminada de ballenas. Pero, en realidad, hacer nuestro modo de vida más eficiente y más ecológico nos reporta, en primer lugar, algo mucho más tangible que el regocijo por el nacimiento de un nuevo pollo de quebrantahuesos en cautividad en Aragón: un ahorro en nuestras facturas.

La factura del agua se puede reducir de forma muy ecológica, con unos pequeños cambios. En el baño, los consejos que hemos oído mil veces, como ducharse en lugar de bañarse, abriendo el grifo solo cuando es necesario y no dejándolo correr inútilmente. Otra de las advertencias más conocida es la de cerrar el grifo mientras al lavarse los dientes. También se suele dejar correr el agua para beber, lo que se puede evitar rellenando botellas que se guarden en la nevera o en un lugar fresco de la casa. Lavar los platos es otra de las actividades más comunes del gasto de agua y ahí también se puede ahorrar, tanto en el lavado a mano (siguiendo los mismos consejos que en los casos anteriores) como en el lavavajillas, utilizando los programas más eficientes. Esto, en primer lugar, supondrá un descenso notable en el recibo del agua, que es muy de agradecer. Y, de paso, contribuye a un mejor aprovechamiento de los recursos.

La factura de la luz, una de las que más está acusando la crisis y que acumula ya varias subidas (que no han terminado) también se puede reducir. Esto es algo muy sencillo de hacer: pantallas de ordenador (incluso el equipo entero en periodos largos), televisores, equipos de música o cualquier otro equipo portátil, cuando no se usen, si se apagan, no gastan energía, y esa energía que no gastan no hay que pagarla. Por lo tanto, el recibo de la luz es menor y el planeta lo agradece.

El combustible, con el precio del petróleo tan alto, supone una gran parte del gasto familiar. Aquí también hay formas de ahorrar: caminar y utilizar la bici se puede aplicar como sustitutivo del coche para distancias razonables; así se ahorra combustible y se gana en salud. Además, organizar los viajes y compartir vehículo también supone un ahorro de dinero, así como una conducción responsable y un correcto mantenimiento del vehículo. Y, siempre que se pueda, utilizar el transporte público, que supone un gasto menor que el vehículo privado. El ahorro en combustible supone, también, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El consumismo desmesurado es uno de los grandes enemigos del medio ambiente y, sin duda, del bolsillo. Comprar cosas que no necesitamos es un gasto que se puede evitar: solo hay que reflexionar un instante cuando uno se ve superado por las grandes promociones, las ofertas y la publicidad. Antes de comprar cualquier producto, es mejor pararse a pensar en si se le dará utilidad, si no disponemos de nada que pueda realizar esa función, si el precio es razonable para el uso que va a tener. Eso evitará comprar cosas innecesarias que terminan, llenas de polvo, olvidadas en trasteros y, años después, en una siempre necesaria limpieza general, en algún punto limpio, donde el objeto muere sin haber cumplido con el cometido para el que fue creado.

Un objeto que se tira a la basura sin haber sido utilizado ha generado un gasto inútil en su fabricación, su transporte y su venta. Un gasto de materias primas, energía, combustible y, finalmente, dinero del consumidor, que no han servido para nada, que se podía haber destinado a otras cosas más útiles. La reflexión a la hora de comprar puede conseguir que el dinero se gaste en cosas realmente necesarias y que el medio ambiente se ahorre la fabricación de productos inservibles, con todos los impactos que ello conlleva.

El ahorro en el consumo también es aplicable a la comida. En los países desarrollados, se malgastan enormes cantidades de alimentos por una mala planificación. Si nadie tiraría a la basura un billete de 5 euros, ¿por qué comprar un alimento por ese precio que termine, intacto, en un contenedor? Solo hay que fijarse en las fechas de caducidad, pensar qué y cuándo se va a comer para no comprar productos de más y utilizar el congelador para evitar que productos como la carne o el pescado se pongan malos. Con estas sencillas actuaciones, el gasto mensual en comida se reducirá y, de nuevo, el medio ambiente se evitará, de nuevo, la fabricación de más productos de los necesarios.

Estas pequeñas acciones pueden contribuir a reducir el gasto, algo necesario en los tiempos que corren. Con unos sencillos hábitos se puede ahorrar en la factura del agua y de la luz, en el consumo de combustible y en la cesta de la compra. Y, de paso, y sin que requiera ningún esfuerzo extra, especialmente monetario, se está ayudando a conservar el medio ambiente. Además, con solo empezar a realizar estas acciones, es cuestión de tiempo que vayan surgiendo nuevas ideas.

3 comentarios:

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  3. Muy interesante esta información, se la daremos a leer a más de un cliente que nos pregunte sobre qué nuevo lavavajillas comprar.

    Un saludo,
    Miranda
    Servicio técnico lavavajillas madrid

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