viernes, 20 de abril de 2012

Formas poco convencionales de contaminar

El pasado mes de marzo, una marcha ecologista en la localidad madrileña de Arganda del Rey hizo un hallazgo sorprendente, aunque no por ello menos preocupante: hasta seis coches hundidos en una laguna situada en un área de humedales artificiales, zona de paso de aves migratorias y que forma parte del Parque Regional del Sureste. Parece que encontrar una zapatilla o una botella flotando ya quedó obsoleto.

El objetivo de la marcha era protestar por el famoso caso de la Laguna del Aceite, contaminada durante años por una empresa ya desaparecida y que la Comunidad de Madrid compró en 2009 para restaurarla, que se encuentra situada cerca del lugar donde ha ocurrido este descubrimiento.

A principios de año, el descubrimiento de un coche semihundido en la laguna volvió a poner a este enclave en primera plana y parecía predecir algo peor.

Como era de esperar, este hecho no ha sido casual. Una investigación del Servicio de Protección a la Naturaleza de la Guardia Civil, el SEPRONA, ha concluido que esos coches fueron utilizados para cometer delitos de diversa índole y abandonados en este lugar, aprovechando la complicidad del agua para deshacerse de ellos y el cómodo acceso hasta la laguna, con una pendiente poco pronunciada que facilita la labor de dejar caer un vehículo hasta que se hunda.

En su informe, la Guardia Civil explica que recuperar esos vehículos sería muy costoso, puesto que se necesitaría una grúa de gran tamaño para llevar a cabo este proceso con seguridad y, además, no aportarían ninguna prueba sobre en qué delitos han sido utilizados o las personas que han participado en ellos, puesto que parecen llevar bastante tiempo sumergidos.

Estos humedales artificiales, situados en pleno Parque Regional del Sureste, ya cuentan con dos graves casos de contaminación. Y ambos se complican por el hecho de que esta zona sea lugar de paso de muchas aves migratorias, que aprovechan estas lagunas para hacer un alto en el camino en sus largos viajes. ¿Qué pensarán estos animales cuando encuentren seis vehículos hundidos en sus charcas habituales?

La situación es compleja puesto que, en el caso de la Laguna del Aceite, la empresa que la contaminó ya no existe y la Laguna de la Esperilla ha sido contaminada de forma anónima, por delincuentes que, en primer lugar, deberían pagar por los delitos que hayan cometido con esos vehículos, antes que por el abandono de los mismos en una zona protegida. Por lo tanto, es complicado exigir responsabilidades.

Este caso asombroso de contaminación de espacios naturales no es algo aislado. ¿Cuántas veces no nos hemos encontrado objetos pocos comunes en bellos parajes? Afortunadamente, existen formas de denunciarlo, como la sección Cazados de Ambientum.com.

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