viernes, 20 de julio de 2012

La iniciativa Yasuní



Se dice que el Parque Nacional de Yasuní, en Ecuador, es uno de los pocos reductos del planeta en los que el cambio climático aún no ha hecho mella, y sigue intacto desde tiempos inmemoriales.

La zona que comprende el Parque, que ocupa un área aproximada de 982.000 hectáreas, se encuentra en la cuenca del Amazonas, a 250 kilómetros al oeste de Quito. Aunque ya disponía de una figura de protección anterior (en 1979 fue declarado Parque Nacional), en 1989 fue designado por la Unesco reserva de la biosfera, título bien merecido teniendo en cuenta que es una de las áreas con mayor biodiversidad del planeta. Además, en Yasuní conviven dos tribus no contactadas: los tagaeri y taromenane.

El problema de Yasuní es que tiene también otra característica que lo convierte en un jugoso foco de atención internacional: su subsuelo está repleto de petróleo, concretamente de 846 millones de barriles de crudo en el campo ITT (siglas de (Ishpingo-Tambococha-Tiputini) que representan el 20% de las reservas del país. Por suerte, en Ecuador no han llegado a considerar la explotación.

Ya en 1998, el gobierno de Jamil Mahuad declaró la parte sur como “zona intangible”, de manera que no puede realizarse ningún tipo de acción extractiva que altere su valor ambiental. En 2007, el actual presidente de Ecuador, Rafael Correa, anunció su compromiso de mantener Yasuní inalterable, para lo que propuso ante la ONU un mecanismo de financiación internacional: la iniciativa Yasuní.

El funcionamiento es sencillo: a través contribuciones de la comunidad internacional, se crea un fondo administrado por el PNUD que dedica sus esfuerzos a desarrollar fuentes de energía alternativas en Ecuador. El valor de este depósito es de 3.600 millones de dólares, equivalente al 50% de lo recibiría el Estado si optara por la explotación petrolífera.

El programa tiene una duración de 12 años, y ya cuenta con una aportación de 200 millones y un horizonte poco halagador: la crisis ha tenido un impacto muy negativo y se han frenado numerosas inversiones previstas, en especial las procedentes de Europa.

Al menos en Ecuador existe la intención, no como en otros teritorios donde la deforestación, las extracciones y la especulación han dejado sin vuelta atrás la destrucción de biodiversidad única en la Tierra.

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