viernes, 13 de julio de 2012

La vecina de enfrente

¡Hola!

Soy tu vecina de enfrente, esa que a pesar de vivir en el octavo, baja las escaleras andando. Sí sí, ésa que se lleva siempre su propia bolsa al súper y mira y remira todos los productos para escoger aquellos de temporada y procedencia local. Sí hombre, la que siempre va en transporte público y cuando coge el coche, ¡lo lleva lleno de gente! Y eso, si no voy a montar en bici por algún parque.

¿Sigues sin saber quién soy? Creo que hace poco nos cruzamos en el portal y me preguntaste a dónde iba de vacaciones, y te respondí que al campo, que es lo que más me gusta en el mundo, y puedo respirar aire de verdad. Y que me iba en tren, que el avión contamina mucho y no puedo disfrutar del paisaje.

También recuerdo el día en que te reíste porque yo iba cargada con 5 kilos de papeles para tirar al contenedor azul. Seguro que te hubieras reído más media hora más tarde, cuando conseguí tirar las botellas de vidrio que tenía en casa al amarillo, todas tamaño XXL. Porque también me gustan los productos a granel: así consumo menos envases y ¡no veas lo que me ahorro!

¡Hasta tus hijos me conocen! El otro día, el pequeño me estuvo contando que en el cole le han enseñado a ahorrar agua en casa, y te lo iba a contar porque “los mayores no saben”. Es curioso como los niños se dan cuenta de esos detalles… además, como ese día estaba hablador, hizo un intento de explicarme que el aceite usado hay que guardarlo para luego llevarlo a un Punto Limpio. Va por buen camino, el chaval.

Ya vas recordando, ¿no? Pues te voy a contar una cosa: no soy tu vecina de enfrente. Soy solo una persona que cree que el stand by en los aparatos de la casa no debería funcionar nunca. O encendido, o apagado. Que desenchufa todo lo enchufable cuando no lo utiliza, porque sabe que consume energía igual. Que llena la lavadora hasta los topes y solo lava con agua fría. Soy esa chica que, a pesar de pasar calor en verano, como la mayoría de españoles, no tiene aire acondicionado, y a pesar de ello no paso calor porque sigue sus propios consejos. Y no solo eso: utilizo bombillas de bajo consumo, me ducho en vez de bañarme, bebo siempre agua del grifo y estoy intentando plantar mi propio huerto en el balcón. Incluso me he bajado a mi Smartphone varias aplicaciones “verdes”.

Podrías pensar que soy una ecologista, o que es imposible que una persona concentre tantos (a mí me parecen pocos) gestos respetuosos con el medio ambiente sin olvidarse ninguno. Pues verás, no es solo posible sino que además es fácil. Me resulta de lo más natural actuar de forma consecuente a mis ideas, mi economía y mi educación. Y sobre todo, a mi firme creencia de que la única salida a la desvirtuada crisis es pasar por el empleo verde que, por desgracia, va a tardar más de lo esperado en llegar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario