jueves, 11 de octubre de 2012

Vivo en una Smart City


En mi Smart City, cuando voy a coger el autobús, una aplicación en el móvil me comunica qué línea me conviene más para ir a la zona que quiero. Además, en la parada, un panel luminoso de LEDs me avisa del tiempo que tendré que esperar hasta el siguiente. Ah, y son buses totalmente eléctricos: no contaminan nada.

Hablando de moverse por la ciudad, aquí la mayoría de los coches (que son pocos porque las infraestructuras de transporte público son muy eficaces y eficientes) son híbridos o eléctricos. Desde que pusieron las electrolineras en puntos estratégicos y bien señalizados, la gente ha empezado a adquirir este tipo de vehículos, bastante asequibles por cierto. Para este nuevo colectivo existe otra herramienta para SmartPhones que informa dónde hay sitios para aparcar o qué ruta escoger para evitar los atascos.

En mi ciudad también hay carril bici, que incluso tiene más tráfico que la carretera. El sistema de préstamo de bicis automatizado y la excelente planificación de los trayectos del propio carril lo hacen posible.

De todas formas, con la gran parte de la superficie urbana cubierta por parques y jardines, es casi más agradable darse un paseo. Todas las zonas ajardinadas cuentan con sensores de riego inteligentes, que miden tanto la humedad relativa y la temperatura del suelo como la del ambiente, ajustando el consumo de agua a las necesidades reales de cada espacio verde.

Los edificios tampoco se quedan atrás. Todos se abastecen de energías renovables, ya que su diseño permite la instalación de paneles solares en los tejados y baterías eléctricas para el almacenamiento. En cuanto a la iluminación, los detectores adaptan la luz a la demanda y a la presencia o ausencia de gente en cada habitación, logrando grandes ahorros.

Esta última parte es similar en las calles. Las farolas, de LEDs, tienen sensores que se activan en base al flujo de vehículos y personas. A ello se suma el incremento de seguridad debido a la instalación de cámaras de vigilancia, directamente conectadas con los centros de control de la Smart City.

Tampoco puede olvidarse lo bien que funcionan los servicios a través de la plataforma online de la ciudad y las aplicaciones para móvil. Desde solicitar la atención sanitaria desde un sencillo programa hasta las opciones para compartir ideas, conocimientos y dudas desde el teléfono, no hay ni un detalle que no se haya integrado con las nuevas tecnologías.

La verdad es que mi ciudad es cómoda, segura y limpia. Y todo gracias a la apuesta del alcalde, que tras las elecciones de 2022 decidió que ya era hora de parecerse a sus vecinos del resto del mundo.

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